6 abr. 2012

SOBRE EL INICIADO MASON Y EL "PERDON" COMO TRABAJO INICIATICO



En los comentarios a la anterior publicación, titulada: ¿puede un hermano masón ningunear a otro hermano masón?, un hermano, al igual que muchos de nosotros en algún que otro momento, ha justificado las actitudes y comportamientos deplorables de algunos hermanos aclamando a nuestra condición humana e imperfecta, a nuestra realidad de simples hombres.


En mi respuesta me aventuré a decir, con toda mi convicción, que la masonería no está formada por “simples hombres” sino por HOMBRES INICIADOS, que por seguir su propio proceso de esclarecimiento y construcción, y consecuentemente, por ser conocedores de los componentes de la piedra bruta común a todos los seres humanos, y por haber adquirido un nivel alto de inteligencia emocional al trabajar con el lenguaje simbólico del Arte Real, por todo ello, la empatía que desarrollan estos HOMBRES INICIADOS les capacita para crear los nudos de la cadena que simboliza el vínculo de Fraternidad que une a todos los masones.

Un masón no es un “simple hombre”, es algo más trascendente, es un hombre libre que voluntariamente ha pedido ser iniciado en los secretos de la masonería, buscando vivir en la Fraternidad su propia construcción, desbastando y puliendo su piedra bruta con la fuerza modificadora del lenguaje simbólico y las metáforas creadas con los símbolos y ritos de los antiguos constructores de catedrales.

Un “simple hombre” al ser iniciado voluntariamente como hermano masón ha aceptado los valores éticos y estéticos de la masonería, y reconoce que los trabajos masónicos no podrán alcanzar los calificativos de Justos y Perfectos si sus actitudes y comportamientos están teñidos de animosidad hacia algún hermano.

Este HOMBRE INICIADO, que ha emprendido voluntariamente el proceso de conocerse y despertar, no se evade de su realidad y busca la Sabiduría a través de la Fuerza y la Belleza de sus trabajos iniciáticos, como un cambio básico en su condición existencial. Un masón no es un “simple hombre”.

Un masón, como HOMBRE INCIADO, ha asumido que el verbo “perdonar” es inherente a su condición y a su proceso de autoesclarecimiento. Para un masón el verbo “perdonar” va más allá de la ofensa y la desconsideración, más allá del perdón y del arrepentimiento. Para un masón el verbo “perdonar” es arte y parte de su propio trabajo iniciático.

Un masón realiza el trabajo de “perdonar” a través de la empatía, esa capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. Y con este trabajo fraternal y de tolerancia se le van a revelar, si presta atención a sus pensamientos, sentimientos y emociones, la verdadera morfología de nuestras piedras, alcanzando un nuevo estado de conciencia y recibiendo el más preciado salario para un masón: la Luz.

Un masón vocacionado a su proceso de construcción tiene en el “perdón” una puerta hacia la Verdad. Entre masones vocacionados, la empatía y el “perdón” son vivenciados como “conditio sine qua non” para que los trabajos sean Justos y Perfectos.

1 comentario:

  1. Queridos hermanos, creo humildemente que si no prejuzgamos tampoco condenamos. Y si no condenamos no hay nada que perdonar, pues fue la misma empatía la que impidió tener prejuicios.
    Empatía es comprensión y tolerancia, ambas vivenciadas como "conditio sine qua non" para recibir la Luz.
    Abrazos fraternos.

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